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Agenda de Gijón
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Leonid Andreiev (1871-1919) puede dejarte sin aire, lector. Porque leerlo es bucear en otra realidad, más cercana a aquella que te atrae y aterroriza. Sin ponerme tan de carátula de película de terror, puedo asegurar que esta lectora ha temblado al leerlo como hacía tiempo no temblaba. Belleza sobrecogedora y vértigo los de este escritor ruso no demasiado conocido. No tanto como otros que expresaron su admiración por él. como Gorki, su mentor. Andreiev nació en la zona de Tolstoi y Turgeniev, fue de origen humilde pero tuvo éxito en vida, fue antizarista pero se alarmó desencantó muy pronto del comunismo… ¡Qué más da! La percepción de la realidad no es la que llamamos normal en el manicomio, donde transcurre la mayor parte de la novela, por más que lo sea para los internos que viven en él; pero tampoco lo es en el Babilonia, un restaurante al que cada noche acude el director de la clínica a embriagarse y cuyos clientes consideran un mundo más real que el que conocían antes de llegar allí.
«Y mientras bebían se percataban de que la vida sobria que habían llevado hasta entonces no era sino una mentira, un engaño; de que la verdadera vida, la vida real, estaba allí, en aquellos lindos ojos bajos, en aquellas exaltaciones del sentir y el pensar, en aquel vaso que alguien acababa de romper, derramando sobre el mantel un vino color de sangre.»
¿Qué es el mundo real? Un narrador omnisciente nos lleva a través de pasajes bellísimos y misteriosos y nos presenta a los locos (el que llama a las puertas, la claustrofóbica, el feliz…); al doctor, que busca la disipación cada noche; a la enfermera, ardientemente enamorada. Poco a poco, sin sentir que atravesamos frontera alguna entre la cordura y la locura, nos descubrimos, sin demasiada sorpresa, en otra realidad, como si despertáramos en ella y comprendiéramos que llevamos un tiempo ahí. Es como la enfermera, que observa el jardín desde detrás de una cristalera de colores en el primer piso: cuando mira a través del cristal amarillo el mundo se llena de infinita desesperanza. Uno de los más turbadores pasajes es aquel en que el paranoico Petrov imagina que ve a su madre:
«Permaneció asomado a la ventana una hora entera. Muchas veces creyó divisar detrás de la esquina el gorro de piel, los ojos terribles y el pálido rostro materno.» |
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Sin destino, Imre Kertész |
S in destino es una novela escrita por Imre Keretsz en su madurez. Narra la experiencia en varios campos de concentración de un joven de catorce años durante un año de su vida, en primera persona. Comienza en Budapest, cuando su padre parte hacia un campo de trabajo y todos lo despiden con dolor, sabiendo que es probable que no lo vuelvan a ver. El joven de catorce años va después. No se trata de algo que ocurra de un día para otro. Primero es la estrella amarilla, después la prohibición de tener negocios, después los campos de trabajo, en una espiral que, para muchos, solo termina en la muerte. Muchos judíos necesitan, para poder comprender o aceptar la injusticia, creer que sí son, en esencia, diferentes de los gentiles, que sí son el pueblo elegido. Para nuestro protagonista no hay ninguna diferencia; pero bueno, él ni siquiera habla yiddish. Para él ser judío no es nada. En los campos de concentración su mirada distante, su manera de observar la realidad sin mirar atrás, sin pensar en el futuro, sin esperar nada, su pureza, ausencia de prejuicios o expectativas, la vida que puja en él, y el azar, lo salvan. Él nunca usaría la palabra “milagrosamente”. Las pavorosas descripciones son meros relatos objetivos de hechos: la distancia de su cuerpo, al que ve como un objeto cada vez más extraño, enfermo, la lucha que mantiene con los piojos, el hambre, el frío, o, más bien, la no lucha, porque el joven de catorce años no lucha. Solo vive, se deja vivir. El autor vivió una experiencia similar a la de su protagonista. En una novela siempre es el autor el que quiere decirnos algo. A través del narrador, que es el niño de catorce años, aunque no sepamos a qué edad narra. Spielberg no haría nunca una película sobre esta novela. Y no tiene nada que ver con El niño del pijama de rayas. Esta no es una novela sobre el holocausto. Es una novela sobre el destino (el no destino), la libertad, el sentido de la vida. Una novela de pensamiento. No es un testimonio del horror. El joven no utiliza palabras sentimentales y vagas como “horror”, el joven no habla jamás del “infierno” o del “holocausto”. En realidad el joven sabe que no puede explicar a nadie qué es un campo de concentración, porque un campo de concentración no es el infierno, es solo un campo de concentración y no se parece a ninguna otra cosa. Además, a la gente no le gusta escuchar que no es “el horror”. Las palabras no sirven. La comunicación es imposible, en primer lugar, porque nadie desea escuchar algo diferente de lo que ya ha pensado. Él solo pretende narrar hechos, sin utilizar etiquetas. Su mirada es fresca y limpia, y podría posarse sobre cualquier objeto con la misma limpieza. Él se atreve a hablar de la felicidad del campo de concentración. La novela es magnífica. La recomiendo encarecidamente.
Sin destino, Imre Kertész, El acantilado, 2010 |
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Presentación-tertulia LAS BRUJAS DE EASTWICK, de John Updike |
 Ciclo HABLEMOS DE LIBROSPresentación y tertulia
LAS BRUJAS DE EASTWICK, de John updikea cargo de
Miguel Cane y Jesús Palacios,escritores y críticos de cine
sábado, 29 de enero 19.00 horasen La librería de bolsillo
Presentación y tertulia (y vino). Asistencia libre Divertida novela costumbrista-mágica del año 1984, obra del ganador de dos premios Pulitzer. Fue llevada la cine en el año 87, con Susan Sarandon, Michelle Pfeiffer, Cher y Jack Nicholson como protagonistas. La obra se desarrolla en la provinciana localidad de Eastwick, donde las brujas nosiempre mantienen sus poderes, ni sus sentimientos, bajo control.
(C/ Adosinda, 3, Gijón. Junto a la Cruz Roja. Tfno: 985373205) |
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Picnic en Hanging Rock, Joan Lindsay |
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En Hanging Rock ocurren cosas. Esa mole de roca que el sol del ocaso y el sol del amanecer tiñen de rojo y púrpura podría ser recogida en uno de esos libros de título Lugares misteriosos, sobre todo después de Picnic en Hanging Rock. Allí los relojes se detienen y los pequeños sucesos de la naturaleza muestran sentido, una especie de voluntad consciente que normalmente nos pasa desapercibida. Lo misterioso, lo fantástico, en la naturaleza. Lo amenazante a plena luz del sol. Arañas negras, ualabíes, flores, helechos. Este misterio que podemos percibir en la naturaleza en momentos de iluminación, y que nos puede aterrorizar, es perfectamente expresado por Joan Lindsay a lo largo de una novela de engañosa sencillez. La influencia maligna de Hanging Rock es omnipresente. El argumento comienza con una excursión de adolescentes del colegio Appleyard para señoritas: el picnic del día de San Valentín, lleno de emoción, sombrillas, muselinas y botas de cabritilla. Tres de las alumnas mayores, ligeras y bellas sin igual, pura inocencia, y una profesora, desaparecen. ¿Cómo? ¿Qué les ocurre? Tras su desaparición una sombra de malignidad se cierne sobre el colegio. La directora intenta con desesperación evitar su avance pero, a pesar de haberse curtido en mil luchas, nunca se ha encontrado frente a un enemigo invisible. Hay una serie maravillosa de personajes, de los cuales uno resulta inolvidable, a pesar de que apenas si aparece a lo largo de la novela más que como recuerdo, obsesión, homenaje constante: Miranda. Una joven de alma y cuerpo angélicos, por todos amada. La trama es falsamente policiaca: hay detectives, hay investigación, pero los descubrimientos —no avanzaré nada sobre ellos— se deben al azar o a la intuición, o a una voluntad que parece tomar posesión de los personajes. También el personal del colegio tiene gran protagonismo, sobre todo su directora, la imponente, dura, y amante del cognac, Señora Appleyard. En fin, la ambigüedad del libro, la constante sugerencia de que puede estar basado en hechos reales, cuidada por su autora, ha ido creciendo con el tiempo. Sobre todo tras la versión cinematográfica de Peter Weir, que relanzó la novela, los fanáticos —los más que admiradores, los mitómanos—, comenzaron el culto de Picnic en Hanging Rock y, por extensión, del Hanging Rock real, en el sur de Australia. Peregrinajes a la roca, explicaciones más o menos plausibles sobre lo ocurrido, interpretaciones esotéricas. El caso sigue abierto, extremadamente sugerente, bello. El cisne que el joven de la nobleza inglesa, Mike, ve repetidamente como una alucinación, Miranda, la etérea Miranda, sigue observándonos desde su cielo misterioso. Se puede relacionar esta novela con otras, escritas en las ex colonias británicas o europeas y que suponen una reinterpretación de géneros o de obras canónicas. Se podría enmarcar en esta corriente postmodernista y postcolonial, aunque quizá a la autora no le gustara tal clasificación. Pero qué duda cabe de que la novela es experimental en cuanto al género y una innovación de ciertos tópicos de la novela gótica o de la novela policiaca. Gótico al sol ardiente del sur de Australia, eso es Picnic en Hangnig Rock, que se convierte, así mismo, en canon, muy alejada por su finura de obras que tan de moda están hoy en día y desde hace años. Obras vampíricas en Louisiana. La misma diferencia que puede haber entre la película de Peter Weir y True Blood, pongamos por caso. Información sobre la presentación de lao bra en La librería de bolsillo e información de Impedimenta. |
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Presentación en La librería de bolsillo |
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 El sábado 13 de noviembre tuvo lugar en La Librería de Bolsillo la presentación del libro Picnic en Hanging Rock, de Joan Lindsay, recién publicado por editorial Impedimenta —Premio a la Mejor Labor Editorial 2008—. «Una novela de culto, misteriosa y sugerente. La trama te atrapa, te estremece, y te mantiene en vilo hasta la última página... » (The London Review of Books)  Estuvieron a cargo de la presentación Enrique Redel, editor, Pilar Adón, traductora, y Miguel Cane, autor de la introducción. Aunque no todas las obras tienen el mismo potencial para dar lugar a una presentación amena e interesante, que haga que toda persona en la sala desee leer el libro al llegar a casa, incluso así, incluso aunque este libro sí lo tuviera y otros no, la presentación, esta de la que hablamos, fue especialmente divertida. La librería se probó apta para este tipo de eventos y bebimos un poco de vino mientras los presentadores y el público charlaban relajadamente y surgían todos esos aspectos que hacen fascinante la novela, como debe ocurrir en toda charla que merezca la pena. Se transmitió emoción, lo que no fue difícil para Pilar Adón y Miguel Cane, grandes admiradores de Picnic desde hace tiempo, ni para el entusiasmo contagioso de Enrique Redel, o para quienes habían visto la hermosa película de Peter Weir. El hecho de que esta sea la primera traducción al español de una obra de culto desde los años 70 es especialmente llamativo. Sobre todo teniendo en cuenta que la película potenció su fama y participó claramente en un aumento del interés por la obra. Peregrinajes esotéricos a Hanging Rock, en el Sur de Australia, explicaciones de toda especie… Los sucesos narrados en la novela se sitúan para muchos entre la fantasía y la realidad, porque, como dice Joan Lindsay, jugando siempre con la idea: «Si lo descrito se trata de realidad o fantasía, los lectores deben decidirlo por sí mismos. Solo diré que ambas cosas están íntimamente relacionadas». (Cita en el prólogo). Esta edición viene a llenar un vacío sorprendente en español, y el cuidado puesto en ella, el mismo que Impedimenta pone en todo su trabajo, satisfacen limpiamente las expectativas despertadas. |
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